Después de unos cuantos discos a las espaldas, Niños Mutantes podría perfectamente evolucionar en Hombres Inmutables viendo sus últimos pasos hacia la madurez en sus composiciones. Los granadinos ya no buscan los estribillos ideales para sus piezas pop, todo lo contrario, sea porque no encuentran la vía o la inspiración o porque ahora parezcan encontrarse cómodos en los medios tiempos elaborados, dándo el protagonismo que merecen instrumentos como trompetas y teclados varios, recreándose en la pausa, elongando todas y cada una de las notas inventadas para este 'Naúfragos'. ¿Pérdida de chispa y aumento en madurez?.
Escuchando el bellezón que es La puerta, con unos hermosos acordes de cuerda, la cosa apunta a lo segundo, lo reafirma El miedo, en la que la candorosa trompeta de Jess aporta clase y elegancia o la nana que aparenta ser El infierno, que esconde una dicotómica letra. Exprimir y sacar el máximo rendimiento de cada instrumento, como en Volverás, con el piano a lo Wilco (o a lo Calgary 76 de Antonia Font) de Raúl Bernal (Jean Paul), es la apuesta de los incombustibles mutantes, el continente, no el contenido.
Un contenido que pasa por ser (a ratos) su álbum más pesimista, supervivientes que aceptan su sino en un mundo que se va a pique; Naúfragos y la no tan profética Caerán los bancos son buena prueba de ello. Empezar de cero y Querer sin querer son canciones que es impensable que hubieran parido en sus principios, sintetizadores, enormes percusiones y una buena dosis de experimentación alargando las canciones hasta límites insospechados, con resultados que dejan boquiabiertos. Grandes.