Vestido con un elegante traje negro y respaldado por un gran equipo musical, sonaba Cuando vivías en La Castellana, que tampoco decepcionó al público. Pero fue con La vida que yo veo cuando logró emocionar a todos los reunidos, amenizada por el sonido del violonchelo que le acompañaba.
Con un look más intelectual, sacaba a escena una banqueta, un atril y unas gafas de leer para pintar un momento de intimidad con La vida es de los que arriesgan, que con frases como "La vida es de los que arriesgan, de los que muerden si prejuicios la manzana", sugería un buen mensaje para una noche de viernes.
Rindiendo un homenaje al poeta Gil de Biedma, cantó No volveré a ser joven, uno de sus poemas favoritos hecho canción, y tuvo una buena aceptación por parte del público.
Para abrir la última parte del concierto, regresó a escena sin chaqueta, bebiendo una copa y fumando un cigarrillo. Sonaron temas como La mala reputación, El hombre de negro y Political incorrectness. Loquillo sorprendió colándose en el patio de butacas para interpretar uno de sus temas, mientras paseaba entre los oyentes.
El concierto llegó a su fin y Loquillo y sus músicos desaparecieron del escenario ante un tumulto de aplausos y vítores, que insistentes en su reaparición tarareaban aquella de Cadillac solitario. Tal fue la insistencia en hacer regresar al "Loco", que para sorpresa y alegría de todos, él y su banda volvieron con Los gatos lo sabrán. Esta sí, la última y definitiva.
El público salía feliz por ver un gran espectáculo, pero añoraban sus temas más rockeros como Feo, fuerte y formal, Central Park y por supuesto, Cadillac solitario.