La única pega que podríamos mencionar, así a bote pronto, es que la señalización de los recintos puede ser un poco confusa, aunque subsanable si se dispone del mapa de la ciudad que ofrecían en la web.
Lo primero que debe saber el festivalero, es que la zona de acampada se sitúa un poco a las afueras, dentro del recinto de un polideportivo en el que puedes acampar bien al aire libre en el césped, teniendo por contras el fresquito y la lluvia que hay fuera, o dentro del pabellón cubierto, que tiene por contras que al ser cerrado hay menos espacio y según dónde y al lado de quién puede que encuentres “aroma a humanidad” y algo de basura (no fue mi caso, al menos sobre el primer asunto).
Dentro del pabellón tienes acceso a todo lo necesario; duchas de agua caliente, aseos, enchufes,… sin mucho control salvo que las duchas cierran a partir de las doce. De hecho, y no sé si lo hacen a propósito, puedes incluso acampar sin tener la entrada. En la puerta de acceso tienes a una persona que sólo está para responderte a las dudas, también tienes varias papeleras para echar los desperdicios y bancos en los que sentarte y que puedes “incorporar” a tu acampada.
Llegué allí el jueves a media tarde y una vez dejadas las cosas más o menos listas, en un pabellón casi vacío donde se podía jugar al fútbol incluso (hasta el viernes tarde no se llenó un poco aquello), me fui a ver a Maga. Eso tenía lugar en otro recinto cubierto llamado la Fábrica de Tornillos, situado a unos 15-20 minutos. Al llegar, me sorprendió ver con la familiaridad con la que se trata allí a la gente, incluidos los “temidos” guardias de seguridad. La temperatura, salvando la lluvia ocasional que no fue mucha, buena para lo que se esperaba, nada de frío. El grupo sevillano comenzó con canciones de su futuro nuevo disco, para luego dar paso a canciones más conocidas, sonando muy potentes sobre todo en la parte instrumental, haciendo retumbar el pabellón y animando al público hasta llegar al cénit con la esperada Agosto Esquimal.
Detrás de ellos tocarían The Wellingtons, grupo australiano que derrochó actitud y dio un buen concierto, incluyendo para cerrar una versión de Kiss, I Wanna Rock & Roll All Night, y Stereotypo, el grupo ideal si lo que buscas es pegarte unos buenos bailes.
Una vez acabados los conciertos, el festival continuaba en el club Orosco, una sala en medio del pueblo, con la sesión de Chema Rey. A mi modo de ver acompañaba las exigencias del momento, cumplidora y sin mucho alarde. Llegados a este punto, un ebrovisivo debe decidir qué hacer; o dormir, para poder llegar en condiciones a la mañana siguiente y a sus conciertos… o seguir la fiesta en el Orosco hasta que el cuerpo aguante. Servidor, búho nocturno donde los haya, lo tenía claro: hasta que no diera más de mí.
Así pues aguanté hasta el cierre (ni más ni menos que a las 6 casi 7 de la mañana) y luego caminando media horita hasta el camping, donde pude dormir hasta las 12, ducharme tranquilamente y pertrecharme para una nueva tarde de conciertos. Decir que en esos momentos en la plaza principal de Miranda, en el escenario Red Bull Tour (un autobús que se convierte en escenario y que seguramente ya hayáis visto si habéis asistido a festivales por la península, ya que no se pierden uno), estaban tocando El Secreto de Amelie, Last Dandies y Ruidoblanco.
Pero todo no puede ser, así que me fui al escenario principal (situado en otro pabellón techado a las afueras, el llamado Multifuncional de Bayas) a ver a Bigott. El maño se las arregla muy bien sobre el escenario con un estilo Country-folk, bailable, como él mismo ilustraría marcándose unos pasos en alguna de sus canciones entre las risas y complacencia del público, en una actuación realmente memorable.
Luego llegaría Supersubmarina. Los de Baeza, que han conseguido gran éxito de público con su nuevo disco, presentaban una muy buena entrada. Ofrecieron un show calcado al que llevan obsequiando a lo largo de la geografía española, animado y gamberrete, quizá con un tono o dos por debajo de lo habitual para un Chino que parece que acusa la carga de conciertos.
Después sería el turno de Lapido, con un público mucho menor que salió del recinto, ofreció un concierto tranquilo y casi, casi en familia. Quizá la elección del orden no fue del todo afortunada o quizá sí, dado que poner a Supersubmarina tan temprano hizo que la gente se acercara pronto por allí.
De seguido tocó Xoel López, primero él sólo guitarra acústica en mano, empezó excesivamente sobrio, mejoró ostensiblemente llegando al pico de su actuación y luego entró la banda completa – aunque no la “caravana americana” – con la que interpretó temas de su proyecto en solitario y de sus demás proyectos paralelos, resultando un concierto un poco plano y carente de interés, pero desmarcándose de su época de Deluxe, en cuanto a que no quiso tocar su éxito Que no.
Era el turno de los escoceses The View. A mí sinceramente no me emocionan en exceso, por decir algo, y eso que nos lo vendían como cabeza de cartel. Un grupo de Indie-rock que hacía su única aparición del año por España… yo, la verdad, tenía hambre así que me salí a comer y beber un ratillo, y ver a la muchachada bailando en la zona del DJ.
Entré de nuevo para ver a Mendezt. Los de Barcelona ofrecen un synth-pop bailable, pero para mi gusto le falta algo de garra y emotividad. Para muestra, la canción más bailada, el momento “remember” y cumbre de la actuación (y casi de la noche) fue su famoso cover de Freed from desire de Gala. Todo .
Ya de ahí, de nuevo a la Orosco, cómodamente en un servicio de bus entre recintos que funcionó estupendamente durante todo el festival (bueno, está claro que si lo coges nada más terminar los conciertos, te va a tocar esperar y/o pelearte, pero aún así, de verdad que muy bien) y donde el buenrollismo era predominante.
Allí pincharon Amable, DJ Optigan y Brummel & Barón Dandy, aunque ya en esos momentos poco importaba; me volví otra vez al cierre y de nuevo me dieron las 8 de la mañana, me levanté haciendo un esfuerzo hercúleo y sobrehumano con tal de poder ver el concierto que más me apetecía de todo el cartel; Micah P. Hinson secundado por los Tachenko (o más bien, como se llaman cuando van con él, The Pioneers Saboteurs).
Este concierto tenía lugar a la 1 de la tarde en la Fábrica de Tornillos. El grupo iba a tocar el disco íntegro “Trompe le Monde” de los Pixies, comenzó con un poco de retraso sobre el horario previsto y un Micah al que se ve aún afectado por el accidente que le obligó hace poco a posponer su gira, pero que sin embargo interpretó a la perfección los gritos y giros de Black Francis, dando su toque personal.
Tuvo tiempo incluso para indicarnos que era su disco favorito, y una vez acabó con él, finalizar con dos temas de su propia cosecha en un concierto quizá no de sobresaliente pero sí de notable.
Al término, salí hacia la plaza de España perdiéndome, en el único solape del festival, a Lost Acapulco. Una vez allí pude disfrutar de la comida popular que allí ofrecían; 2 euros por un plato de paella o macarrones, todo un lujo, gratis si tenías carnet joven. Y todo ello amenizado por el Red Bull Tour bus donde estaban tocando Fira Fem y Eladio y los Seres Queridos. Así que los vimos mientras estaba comiendo y de cañas – de verdad, menudo lujo de festival – cuando terminé vuelta al pabellón para descansar un poco, acercarme a la cafetería del polideportivo y coger fuerzas para el último arreón la recta final.
Conseguí llegar para Atom Rhumba, dieron un buen concierto de rock que no desmerece en absoluto, recomendado para todo aquel que tenga la oportunidad de verlos, a los que siguieron Erland & the Carnival, que tiraron de folk – quizá de nuevo hubiera sido mejor tenerlos primero a ellos y no a los Atom Rhumba o a Pony Bravo, cuya actuación me hubiera gustado ver – para proseguir con la noche de una forma más bien discretita, pasable, pero agradable.
Luego llegó Javiera Mena, la verdad empezó flojito y por tanto se convirtió en mi “momento cena” del sábado, tanto es así que me perdí también su hit/cover Yo no te pido la luna.
Entré para Vetusta Morla, momento álgido de la noche, y también en el que más público hubo de todo el festival (y aún así, se estaba MUY tranquilo con bastante espacio). Los madrileños ofrecieron un concierto un poco más corto de lo que suele ser habitual, tiraron de buen repertorio del primer disco – como fan suyo de ese primer trabajo echo de menos el momento coro de Saharabbey Road por el que ahora pasan de puntillas – aunque tengo que reconocer que el final con Cuadratura del Círculo es también bastante impresionante. Además parece que le han cogido el aire, desde que los ví en el SOS 4.8 al principio de su gira, a la mezcla de temas nuevos, más paraditos, con los viejos. Ya no existe esa sensación de pesadez que se daba al encadenar varios de los temas más lentos. Eso y que Los días raros y En el Río, por ejemplo, suenan mucho más contundentes y al nivel del primero.
Para terminar, Delorean nos obsequió con su electrónica bailable en la que no faltaron Seasun o Deli, pero sí As Time Breaks Off, la cual espero que recuperen en próximas giras (por favor, por favor). Buen broche final bailable para los conciertos, pero la fiesta seguiría por tercera noche consecutiva en la sala Orosco, donde se terminó cantando y coreando la intro de Campeones (Oliver y Benji).
Vuelta de nuevo a dormir y dar por cerrada una edición que si bien en lo musical no fue especialmente destacable – reconozcámoslo, hay muchos festivales con mejor cartel y artistas de más calado – realmente ofrece muchas cosas que hacen que la estancia en el mismo sea inolvidable. Como comer en los puestos de dentrol, los numerosos puestos puntos de venta de merchandising a precios razonables, o ir a donde la organización puso dj’s pinchando, justo en una de las salidas del pabellón, todo un acierto sin duda.
Servidor, que se ha hecho 8 horas conduciendo ida y otras tantas vuelta, está decidido a repetir si la fortuna, tanto la inmaterial como la material, lo permite.
¡¡Hasta el año que viene Ebrovisión, de un nuevo fan incondicional,