Crónica de Foo Fighters en el Palacio de Deportes de Madrid

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Yaiza Rancel Yaiza Rancel

Foo Fighters - Palacio de Deportes de Madrid - 6 de julio de 2011

 

El Palacio de los Deportes de Madrid presentaba algo menos de media entrada en pista cuando empezaron a tocar Dinero. El trío madrileño ofreció un buen concierto de rock, cumpliendo de manera sobrada con lo que se espera del primer telonero de la noche, sonando de manera fuerte y contundente (aunque sin disfrutar de un gran sonido).

 

A continuación salieron al escenario The Gaslight Anthem, que si bien prometían mucho, dieron un concierto que sonó muy flojo, carente de garra, lejos de lo que ofrecen en sus 3 discos y que no interesó ni a los pocos que habían ido con ganas de verlos. Cabría destacar, sin embargo, la voz del cantante, afinada y que por momentos recuerda a un cruce entre Brandon Flowers y “el Boss” Springsteen. Sin duda merecen una segunda oportunidad, pero eso sí, en un concierto de sala y donde sean ellos la principal atracción de la velada.

 

Por fin llegó el momento del plato fuerte de la noche; Foo Fighters, saliendo a escena a las 22:00 de la noche, y esto tras 10 años sin pasar por España, como bien nos recordaría más tarde Dave Grohl, que para compensar llegó a decir que lo sentía mucho y que tocarían allí todos los viernes (y ya un poco más en serio, también volver pronto pasara lo que pasara).

 

Abrieron fuego con Burning Bridges, a la cual seguiría Rope, respectivamente primer tema y primer sencillo de su nuevo disco ‘Wasting Light’, ambos cortes muy rápidos y enérgicos. Acto seguido continuó con la aclamada The Pretender, una auténtica bomba sonora, y después My Hero (muy coreada), y Learn to Fly.

 

Un inicio que el público, entregado de antemano, disfrutó muchísimo, sonando además de manera impecable aunque con las consabidas limitaciones vocales de Grohl que por momentos más que cantar, grita y chilla, pero que sin embargo, es un frontman absolutamente espectacular, como iría demostrando a lo largo del evento, tanto en sus charlas al respetable, como corriendo a través de la pasarela que le llevaba hasta mitad de pista para tocar allí solos de guitarra de manera desenfrenada y eléctrica, para deleite de los fans que nos encontrábamos algo más lejos del escenario.

 

Prosiguieron el espectáculo con más canciones del ‘Wasting Light’, White Limo, la más dura de las canciones del mismo, y luego Arlandria, una auténtica joyita. A continuación vuelta a sus otros discos (a los que dijo que daría un repaso completo, y a buena fé que lo hizo o poco faltó durante las 2 horas y 45 minutos de concierto) con Breakout y Cold day in the sun, primera canción del repertorio que baja un poco el ritmo y que se encargó de cantar el batería Taylor Hawkins.

 

El recital siguió con Long road to ruin, Stacked actors, Walk y la canción preferida por Dave Grohl (apreciación que comparto) de su nuevo trabajo, Dear Rosemary. A colación de esto, reseñar que ‘Wasting Light’ “lo grabamos íntegramente en mi garaje, sin usar ordenadores ni nada parecido, no como los grupos de ahora que se olvidan de hacer auténtico rock” en palabras del carismático frontman. Razones tiene para estar orgulloso del posiblemente, LP más completo de la banda, realizado bajo la producción de Butch Vig (con el que trabajó ya en la grabación del ‘Nevermind’ de Nirvana).

 

Después empezó una sucesión de hits intercalados con canciones más tranquilas; la mítica Monkey Wrench seguida de Let it Die y These Days para a continuación soltar los trallazos Generator y Best of You, la última ampliamente coreada por el público asistente. De seguido vuelta a la tranquilidad con Skin and Bones (posiblemente la canción más floja del repertorio) para terminar antes de los bises con All my life por todo lo alto.

 

Así empezaron unos minutos de espera en los que podíamos ver a Dave animando al público a través de las 6 pequeñas pantallas que eran utilizadas sobre todo para acompañar las visuales, hasta que por fín salieron de nuevo a terminar con un largo e irregular bis de 6 canciones.

Salió Dave al fondo de la pasarela en medio del escenario, él solo, para tocar Wheels y Times like these, hasta el final de la segunda canción en la que la banda, oscurecida hasta ese momento, ya que había un solo foco centrado en Grohl, “aparecía” para provocar un “subidón” en la canción.

 

También aprovechó este momento para dirigirse otra vez al respetable “de pequeños, mirábamos al escenario y queríamos ser como los que estaban arriba. Lo que quiero decir es que nosotros nos sentimos como uno de vosotros, y si no estuviera aquí arriba, estaría ahí abajo con el jodido chico calvo –señalando al público - tomando fotos” e hizo gala de su buen humor colocándose una gorra que le tiraron desde el público y recogiendo una camiseta con su nombre que se negó a vestir porque “parecería el gilipollas más grande del mundo” (claro, quien llevaría una camiseta con su propio nombre).

 

Prosiguieron entonces con dos versiones, una de Mose Allison, Young Man Blues – versionada también en su momento por The Who -, y otra de Queen, muy movida, Tie Your Mother Down, y acto seguido This is a Call y por último terminar de manera magistral con la canción más esperada de su repertorio, Everlong.

 

Así que nos fuimos todos (excepto quizá los que esperaban más, sobre todo de la voz de Dave Grohl) con una sonrisa en la boca después de más de dos horas y cuarenta y cinco minutos de concierto – duración a la cual pocos grupos actuales llegan o son capaces de dar – mostrando que Foo Fighters son una banda grande, grandísima, como se suele decir, de estadio, y esperando que cumplan su palabra de volver lo antes posible.

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