Eran las seis y cuarto cuando empezaron Las Robertas, banda originaria de Costa Rica de la que se esperaba grandes dosis de energía en su presentación del disco “cry out loud” pero que, sin embargo, estuvo más que discreta, rozando la apatía en su forma de tocar y que a duras penas llegó a conectar con el público.
Después tocarían también en el Poble Comet Gain, Echo & the Bunnymen y, para cerrar, los grandes triunfadores de la noche: Caribou, que llenaron el aforo del recinto (unas 6000 personas). Yo preferí ir a ver el concierto privado de Interpol… y es que, si algo define al primavera sound, es su amplia oferta de buenos grupos y tener que hacer elecciones entre ellos.
Así que al acabar el amago de concierto de las Robertas me dirigí a la sala Apolo donde pude ver primero a The Lions Constellation, grupo local encajaría dentro del noise pop que pasaron inadvertidos, y el plato fuerte del día: el concierto de Interpol ante poco más de 700 personas.
Al grupo, que empezaba gira europea presentando su nuevo disco homónimo, se le nota con muchas ganas y en plena forma, y ofreció un concierto notable. A lo largo de casi una hora y media, tocaron gran cantidad de canciones de sus dos primeros discos, como Obstacle 1, Slow hands, Say Hello to the Angels o Evil entremezcladas con los nuevos temas como Barricade, el primer single del nuevo álbum, o Success. Si eres fan del grupo, merece la pena no perdérselos durante esta gira.
Con ellos se acabaron los conciertos del día, ya que no daba tiempo a regresar a ver Caribou… Sin embargo, la programación del Primavera Sound no para. Después de cenar y hacer acopio de fuerzas, nos dirigimos al hotel ME donde había montada una fiesta para aquellos que hubieran reservado con tiempo.
En la mencionada fiesta, pinchaban componentes de varios grupos del sello B-Music, como Belle & Sebastian, St. Etienne o Wolf People. Contaba con el buen ambiente propio de un hotel: bonitas salas, espacios de terraza al aire libre y hasta una piscina donde algún que otro asistente quiso darse un baño a pesar de estar prohibido. La pega: Precios caros previsibles dado el recinto donde estábamos y unos aseos cuestionables.
Así, y tras una ajetreada jornada, me retiré relativamente temprano hasta el día siguiente, primero “oficial” de festival (si lo entendemos como festival dentro de un recinto, ya que como habréis visto hay actividades y conciertos a lo largo de toda la semana y en diferentes partes de la ciudad).
JUEVES
El jueves tocaban por la mañana en el parque central de Poblenou grupos como Manos de Topo, Sonny & the Sunsets, Ducktais o The Fresh & Onlys, algunos de los cuales podrías ver luego en el recinto.
Yo me dirigí a ver uno de los conciertos que abría el festival, el de Toundra. Al entrar al recinto me recibe una gran cola para tan temprana hora – las 5 de la tarde - que yo, afortunado poseedor de un abono VIP, pude sortear por otra entrada, ya que de lo contrario me hubiera perdido sin duda este concierto.
Así pues, llegué al nuevo escenario Pitchfork – de ubicación que no de nombre -, al lado del mar que tenía mucho encanto, a tiempo de ver la parte final del recital que estaba ofreciendo el grupo madrileño de rock instrumental, como ellos mismos se definen (aunque yo diría que están más cerca de un post-rock bastante enérgico); grupo a seguir si continúan en esta línea, con especial mención para su single Zanzíbar.
De ahí me fui a la zona que iba a ser mi salvavidas, la zona VIP, donde pude disfrutar de algunas de las ventajas que ofrecía mi abono: zona acomodada con hamacas, sillones, unos aseos mejores, la posibilidad de ver a varios artistas que por allí se encontraban y, sobre todo, ¡cañas gratis!, lo cual me rescató de la “gran tragedia” de este festival; los problemas informáticos y la, en ocasiones, excesiva masificación del recinto.
Los problemas informáticos venían dados por el fallo de las tarjetas. El sistema se colapsó debido a ciertas incidencias con las impresoras y no se pudo pedir nada en las barras durante aproximadamente unas 4 ó 5 horas, en las que se decidió aceptar dinero metálico en las cajas, aún cuando eso supone un perjuicio reconocido para el festival, organizándose colas interminables sobre todo en los expendedores de cerveza móviles que por allí había.
La zona VIP tenía visibilidad hacia el escenario principal, llamado San Miguel, y desde allí se podía disfrutar relajadamente de los conciertos con un sonido aceptable – siempre que el viento lo permitiera - . Así que desde allí vi el concierto de Triángulo de Amor Bizarro, agrupación gallega ya bastante conocida por gran parte del público, que ofrecieron un buen espectáculo con sus conocidos temas El fantasma de la transición o De la monarquía a la criptocracia como temas más celebrados.
Una vez terminado este concierto, tomé rumbo al escenario ATP para presenciar el concierto de Cults, un grupo novel de pop con cierto toque noise, que han causado bastante sensación con su disco debut de título homónimo,que, ciertamente, tiene temas de indiscutible tirón y pegadizos como Go outside o Abducted. Se defendieron sobre el escenario con bastante dignidad pero sin llegar a provocar las mismas sensaciones que en disco, mostrando que tienen un futuro prometedor pero también mucho que aprender.
Con el buen sabor de boca de quien no ha sufrido hasta el momento ninguna decepción me volví a la zona VIP para disfrutar de Of Montreal, agrupación estadounidense de pop indie con cierto regustillo a grupo de culto que, sin sonar del todo bien, dieron un espectáculo entretenido con parafernalia y disfraces en la que no olvidaron los grandes temas de su disco ‘Hissing fauna, are you the destroyer?’ como por ejemplo Suffer for fashion.
Después de esto me acerqué al escenario Ray-Ban, situado cerca del principal, en el que tocaba Big Boi. Para quien no lo conozca, es el proyecto en solitario de Antwan Patton, mitad del conocidísimo grupo Outkast (del cual hizo una versión de Mrs. Jackson), y que se lució con una actuación sobresaliente – que conste que yo no soy muy aficionado al hip-hop -, en la que mantuvo al público todo el rato participando con típicos clichés, sobados pero efectivos, que cumplieron con su misión de mantener al público lejos del aburrimiento.
De regreso al escenario San Miguel asistí a uno de los platos fuertes de la noche; Nick Cave y su proyecto paralelo Grinderman, que dieron una lección de rock-blues contundente. Con un sonido no del todo perfecto y un Nick Cave con actitud de 10, pero al que como cantante se le podría exigir más, se erigió como uno de los triunfadores del primer día. Mención especial para Get it on o Palaces of Montezuma.
Al terminar, empezaba Caribou -sí, otra vez-, que se solapaba con grupos de la talla de Interpol y los legendarios Suicide. Dadas las buenas críticas de su último trabajo ‘Swim’, que ha estado en lo más alto de todas las listas del año pasado y el buen concierto ofrecido el día anterior, me pasé a disfrutar de sus ritmos electrónicos que mantuvieron bailando al respetable de un modo ordenado hasta la última nota, sin más pretensiones.
Un poco antes de que terminara me cambié al escenario en que iban a tocar The Flaming Lips. La banda de Wayne Coyne dio un espectáculo grandioso. Empezaron con el cantante caminando encima del público metido en una “spaceball” (una pelota gigante de plástico), toda una declaración de intenciones, para continuar con manos de juguete enormes que disparaban rayos láseres, confetis, serpentinas, disfraces del mago de oz, muñecos cabezudos y una pantalla que se encargaba de transportar al que estuviera metido en el concierto a una dimensión paralela donde todo es más bonito y feliz.
En cuanto al concierto en sí, por un lado cabe destacar un gran setlist donde no faltaron She Don’t Use Jelly, The Yeah Yeah Yeah Song o Yoshimi Battles the Pink Robots pt1. Especialmente celebrados fueron los bises con Race for the prize y Do you Realize? En la parte negativa, faltó ritmo y continuidad, con Wayne intentando implicar a la gente a base de repetir los estribillos de cada una de las canciones hasta dos veces, cosa que deslució el total del resto de aspectos aunque, a título personal, puedo decir que salí de allí con una sonrisa de oreja a oreja.
Al final de esto me encaminé hacia Factory Floor para conocer la propuesta de este grupo londinense, una música que se sustenta en una base electrónica repetitiva y en la que se introducen unas variaciones mínimas y unas voces tenebrosas, dando lugar a una atmósfera oscura, tétrica y casi opresiva pero sin dejar de ser bailable. Interesante pero, en mi opinión, demasiado cargante y nada agradable al oído, aunque gustará a los incondicionales de la electrónica experimental.
Para cerrar la noche – y esta fue una de las noticias desagradables de esta edición del Primavera Sound – un Girl Talk que encontré ya bastante avanzado debido al adelanto de horarios de ultimísima hora del cual no había tenido noticia (la falta de información de estos cambios ha sido también una constante a lo largo del festival), debido a ciertas presiones por cerrar más temprano por parte de ayuntamiento y motivadas, en parte también, por la complicada situación de la ciudad: recientes elecciones, acampadas en la plaza Catalunya…
El DJ rey de los “mashups” se dedicó a hacer lo que mejor sabe: samplear todo tipo de música (desde AC/DC hasta Lady Gaga, pasando por Ace of Base, Bon Jovi o Phoenix), mezclarla con bases y estribillos hip-hop y, con todo ello, formar una auténtica fiesta en todo el escenario, tanto arriba, donde había publico bailando y botando a su alrededor, como abajo, para terminar con un emotivo Imagine.
VIERNES
El viernes, empecé temprano, pues tenía que hacer mi reserva para ver a Sufjan Stevens. Dentro del show de este cantautor se incluía a su telonero, DM Stith, lo cual te obligaba a ir una hora antes de que empezara su función a riesgo de perder tu sitio en el auditorio. El concierto de Stith, protegido de Sufjan, fue corto, apenas 4 canciones, cosa que se agradeció debido a lo temprano de la hora (las 4 de la tarde) y al tono tranquilo en exceso de su música folk. Destacó el uso que hacía en dos de esas canciones del pedal de grabado que usaba para ir construyendo diversas capas de la canción con un resultado tremendamente efectivo.
Justo una hora después empezaba uno de los conciertos por los que será recordada, sin duda, esta edición del Primavera; centrado sobre todo en su último trabajo, con gran toque electrónico del que sus más inmediatos predecesores carecieron (centrado más en instrumentos de folk tradicional), se reveló como uno de los mejores discos del año pasado, intimista y, sin embargo, grandilocuente y cargado de emoción.
Sobre las tablas, un espectáculo a la altura de lo que estábamos escuchando: músicos con trajes con neones insertados, pantalla doble –una detrás convencional y una delante de los músicos semitransparente que permitía verlos pero también proyectar imágenes y formas delante-, disfraces que parecían sacados de películas futuristas de los años 70, luces por todas partes, dos bailarinas que además cantaban como los ángeles, alas saliendo de la espalda de Sufjan a media canción… en pocas palabras: Una puesta en escena realmente increíble.
A ésto además se le sumó la actitud de un público que se levantó de los asientos e invadió el rellano en Impossible Soul, durante el cual nadie en el auditorio retomó su asiento, para ya permanecer así durante el bis que consistió en dos de sus grandes éxitos de su mejor disco hasta la fecha, ‘Illinoise’, es decir, Concerning the UFO sighting Near Highland, Illinois y su hit Chicago que volvió a poner patas arriba a todo el público mientras enormes globos de colores saltaban de un lado a otro.
Fueron dos horas de espectáculo que, como dije, quedan en el recuerdo y marcan una edición, y en las cuales hasta se permitió el lujo de dar una charla de 8 minutos explicando el por qué del disco y lo que quería transmitir con ciertas canciones.
Tras salir del auditorio, acudí a ver a M. Ward; un buen trabajo deslucido por algunos problemas de sonido al principio y un público que no parecía demasiado atento, en el que, sin embargo, supo reponerse y terminar dando muy buenas sensaciones en un concierto en el que se volcó más en su faceta country con canciones como For Beginners.
A su término hubo caminata hacia el otro lado del recinto, casi un kilómetro de distancia, para llegar al segundo escenario, el Llevant, donde tocaba The National. Abrió con Start a War y fue encandenando sus grandes temas para terminar con 3 éxitos como Fake Empire, Mr. November y Terrible Love, finalizando con About Today. Gran concierto en el que contaron con la colaboración de Sufjan Stevens en dos temas, y que sonó impecable en la zona delantera –salvo algún fallo puntual de entonación del cantante Matt Berninger, visiblemente ebrio-, pero cada vez más apagado según te alejabas de la zona delantera por causa del viento.
De vuelta al escenario principal a ver Belle & Sebastian, que se solapaban de forma criminal con Low y Twin Shadow, los cuales hicieron un concierto discreto que sonó flojito pero estuvo entretenido gracias a pequeñas joyas como If You’re Feeling Sinister o The Blues Are Still Blue, haciendo de su pop suave toda una marca de identidad.
Sin un momento para descansar, comenzaba en el Ray-Ban uno de mis conciertos más esperados: Explosions in the Sky; que dieron una muestra corta pero intensa en la que parecía que los tímpanos nos fueran a estallar del volumen atronador que se llegó a emitir. Tocaron 3 temas (de 7) de su reciente disco Take care, take care, take care, pero la gran triunfadora fue la sublime The Birth and Death of the Day, la cual, por sí sola, justifica un género entero como el post-rock.
Sabiéndome a muy poco pero muy satisfecho de lo demostrado por la banda – mención especial para su curiosa presentación hola, somos explosiones en el cielo, de Tejas -, y habiéndome perdido ya a Deerhunter, fui a escuchar el espectáculo más deseado por el gran público: la reunión de Pulp 9 años después.
Con un Jarvis Cocker arrollador y eclipsando al resto de la banda, Pulp dio un show correctísimo donde tiró de joyas como Razzmatazz, Babies, Disco 2000 y, por supuesto, la tanta veces pinchada Common People. Dieron, ni más ni menos, lo que se esperaba de ellos: una cadena de inolvidables éxitos para disfrute de sus fans. Sin embargo, no se puede decir que estuvieran especialmente brillantes, sencillamente cubrieron el expediente en su primer concierto tras tanto tiempo separados.
La anécdota la conformaron unas palabras dedicadas a los sucesos acaecidos aquella tarde en plaza de Cataluña con el desalojo por parte de los mozos –nada muy sentido, más bien en plan “no sé muy bien qué pasa, pero me han dicho que la policía ha pegado a gente desarmada y eso nunca es bueno” – y el “momentazo” petición de mano delante de Jarvis y resto de concurrencia.
Tras ésto me acerqué a ver a Battles, que montaron una buena sesión de Math-Rock mezclando temas de sus dos álbumes y cuyos ritmos trepidantes hicieron disfrutar al respetable. Sin embargo, faltó, incomprensiblemente, Atlas, el cual, tras la marcha del cantante, parece que no están tocando. También tuvieron algunos problemas técnicos que hizo que el final se demorara unos diez minutos. Aún con todo, fue un muy buen rato para los que gustamos de su extravagante música.
Para rematar la jornada llegué al final de Carte Blanche, grupo francés de electrónica que, una vez más por el desplazamiento de horarios, apenas pude ver, pero que mantuvo el ánimo de los allí presentes hasta su precipitado cierre.
SABADO
Empieza mi recorrido con el grupo de culto Papas fritas. Los americanos, reunidos para la ocasión, demostraron estar en muy buena forma con un setlist muy fresco y divertido que combinó muy bien con la temprana hora que le asignaron con temas como Afterall o Way You Walk.
Acto seguido tocaban en el escenario principal Fleet Foxes, un grupo que con sólo dos álbumes ha conseguido destacar de manera notoria en el panorama internacional con un folk preciosista y grandes armonías vocales, que resulta gratamente evocador. En su primera aparición en España, demostraron el por qué de su merecida fama en una actuación que tuvo su punto álgido cuando se sucedieron temas de su primer álbum y de su ep (Mykonos, Your Protector, y la celebrada White Winter Hymnal, pasando a toda pastilla a Ragged Wood, exactamente como hacen en el disco).
Lástima que fuera una hora escasa por la urgencia con la que tocaron para no coincidir con la final de la Champions League que, además, se retransmitía en el segundo escenario, el Llevant.
Quien sí coincidió con la final fue la banda alemana de impronunciable nombre Einstürzende Neubauten, abanderada y veterana de la música denominada industrial que nos obsequió con un show poco festivalero, tranquilo y sin grandes dosis de ruido (para lo que puede llegar a ser capaz el grupo), aunque entretenido y sólido.
Liderados por el ex Bad Seeds Blixa Bargeld, señalaría, a modo curiosidad para que no los conozcan, que usan muchos instrumentos que son casi inclasificables, creados por ellos mismos, llegando a utilizar taladros, tubos metálicos y un sinfín de cacharrería. Merece la pena verlos aunque sea una vez.
La siguiente era PJ Harvey en el escenario principal. Nos encontramos allí con una Pj más tranquila, que ha pasado la página de su faceta más guerrera. Atrás quedaron los tiempos de su Rid of me y los trajes de cuero, transformados en vestidos blanco inmaculado de corte mucho más sofisticado y sereno.
El concierto giró en gran medida sobre su (gran) álbum ‘Let England Shake’, sin duda uno de los mejores del año, el cual desgranó prácticamente en su totalidad a lo largo de hora y media larga. Hubo también espacio para canciones de sus anteriores trabajos, tales como Big Exit o The Devil tocados, eso sí, con la misma serenidad que el resto de temas. Voz y sonido muy nítidos para un espectáculo de gran calidad.
Volviendo al escenario Llevant se encontraba el grupo santo y seña del post-rock: Mogwai. Su actuación fue de bien a absolutamente sobrecogedora, alternando pasajes tranquilos con otros de ruido atronador y guitarras distorsionadas, creando atmósferas en las que te podías sumergir y casi navegar, como en New Paths to Helicon Pt1.o Mogwai Fear Satan, y con muchas canciones de su disco ‘Hardcore Will Never Die, But You Will’. Mención especial para Rano Pano o How to Be a Werewolf la canción probablemente más asequible de su trabajo más reciente, pero sin olvidarse de otras piezas únicas como Hunted By a Freak, Auto Rock o I’m Jim Morrison I´m Dead en el que fue, para un servidor, el concierto del festival. La anécdota curiosa quedó a cargo de la dedicatoria de una canción a Josep Guardiola.
Todavía extasiado, retorno a la realidad de golpe al llegar al escenario principal donde Animal Collective hizo méritos para aburrir por momentos a un público que estaba entregado y con ganas de festejar. Se dedicaron casi por completo a interpretar canciones de su nuevo disco – el cual aún no está publicado – y apenas hubo lugar para las concesiones a sus anteriores trabajos de los que sólo hicieron sitio a Brothersport, Summertime Clothes, We Tigers y Did you see the words, que supieron a muy poco a un público que a las dos de la mañana pedía otra cosa y que sólo los más incondicionales del grupo pudieron – o supieron – disfrutar.
Pero después nos esperaba otra de las grandes sorpresas del festival: The Black Angels. 45 minutos llenos de garra, psicodelia y buen hacer con los que nos metieron a la comitiva en el bolsillo hasta pasadas las 4 de la mañana.
Y ya para cerrar, más por tradición que otra cosa, a la sesión de DJ Coco, uno de los organizadores del festival y DJ residente de la Apolo, que pinchó hasta las 5 y media, cerrando así, abruptamente, esta edición del Primavera Sound – gracias, otra vez, a los recortes horarios-. El momento curioso llegó a mitad de sesión cuando retiraron los platos y salieron Mujeres, grupo revelación local, vestidos de traje para hacer unas cuantas versiones de los Beatles.
Aún después de toda este maratón, el domingo había más cosas: Mientras hacía tiempo entre el check-out del hostal y la hora de salida de mi tren pude acercarme a ver los conciertos de The Birkins e Inspira relajadamente en una silla o tumbado en el césped; y de no haber tenido el tren tan temprano hubiera podido escuchar además el de Cloud Nothings, también en el parque, y la clausura de la sala apolo con Simian Mobile Disco y The Black Angels, entre otros. Porque es una de las cosas grandes de este festival: Si estás dispuesto a moverte y escuchar siempre tienes música.