Interpretaciones tranquilas repletas de sensibilidad y agudeza, en una forma muy original de expresar el dolor y la pasión del desamor, como por ejemplo en Malas Lenguas. Sin pretensiones en la conjugación de sus frases sencillas, pero al mismo tiempo, ciertas en la vida de cada uno.
Adan Ross me pareció un cantautor diferente, explotando un ritmo de voces sencillas y claras. Nos quedaríamos en una dulcísima Vuelve a ser, donde hay esa añoranza, pero devolviendo al mismo tiempo la alegría y la esperanza entre sus notas. Esa intimidad en No somos nada, transporta a la descripción de lo que el amor expresa y la sensación de compartir con sus versos, emociones de una forma exquisita . Podríamos definir que son canciones pop interpretadas por un cantautor , pero con ese toque moderno, lo cual las hace verdaderamente especiales y distintas.
De repente empezaron unos toques de batería muy conocidos por los “ochenteros”, dando pie a un Amante Bandido versionado admirablemente y sin nada que envidiar al original de Miguel Bosé. Las allí reunidos disfrutaban cantando y bailando mientras su vocalista se acomodaba en el suelo del escenario para cantar en la cercanía y para sus oyentes la canción que da título a su disco: ¿Dónde están mis amigos?. No faltó una última y exquisita versión de Chris Isaak: Falling in love. La hora y media de recital, se nos hizo corta a todos, no por nada tuvieron que salir en tres ocasiones más. Desde aquí una ovación merecidísima para Adan Ross y su estilo exclusivo.
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