Supremos. A estas alturas poco o nada tiene que demostrar la banda de Jeff Tweedy. Al igual que otras bandas como Arcade Fire, cada lanzamiento de los de Chicago es un acontecimiento y un párrafo más en el libro de su carrera. Desconocen el significado del término “bajón”, y es que, ni siquiera aperturar el disco con una canción de tono experimental de 7 minutos y cerrarlo con una balada de 12 resta brillo al resultado final de un álbum ligeramente más arriesgado en su propuesta que su predecesor, 'Wilco. The Album'.
Debajo del sombrero de Tweedy cabe de todo, desde los sonidos más complejos y electrónicos de Art of Almost, a los los terrenos pop de la increíble I might, donde dejan filtrar, ante todo, lo grandes músicos que son (las guitarras se retuercen de placer).
Exploran como nadie los recovecos de la inquietante psicodelia en forma de balada folkie de Sunloathe que recuerda a las primeras composiciones de Ocean Colour Scene con Dawned on me. Black Moon, Open Mind y Rising Red Lung, los temas más bellos y reposados, recuperan las raíces country de una banda que no está dispuesto a perderlas, como tampoco ese punto de electricidad que, como demuestran Born Alone y Standing O (de Ovation, y muy grande, ¿The Kinks?), que también se hace necesario. Capitol city, quizá el pequeño lunar de The Whole Love tiene un tono cabaretero que sí pero no (vamos que no), la inmersión en los 60 de la mano de Whole Love y la armoniosa One Sunday Morning, con sus arreglos de cuerda esponjosos demuestran por qué cada vez que visitan nuestro país lo dejan patas arriba. Y que nosotros lo disfrutemos muchos años más.