Como una pataleta de hermano malcriado con ganas de tomarse la venganza por su mano, Liam Gallagher secuestró a todo el line-up de los extintos (de momento) Oasis para estamparle Beady Eye, la nueva formación del benjamín de la familia, en plenos morros a su hermano. A la espera de una respuesta fraternal en forma de disco en solitario de Noel, la nueva propuesta de la recién parida banda mantiene el tipo en todo momento. Canciones con consistencia que rememoran sonidos del primigenio britpop, pero que también suenan en ocasiones al rock bailable más clasico, resucitando el estilo Jerry Lee Lewis, todo ello aderezado con altas dosis de dureza facial cuando calcan el estribillo del clásico de The Beatles Get Back (óigase Standing On The Edge Of The Noise) o imitan el All You Need Is Love cambiando de rumbo a tiempo en la, por otra parte, magnífica The Roller.
Four letters (posiblemente fuck), un comienzo con la garra de los temas que abrían los primeros discos de Oasis (Rock & Roll Star) y con un poderío instrumental que deja en segunda plano la forzada garganta del insurrecto hooligan del City, marca la senda de una afortunada colección de piezas pop de lo más aseadas recubiertas de un halo de guitarras acústicas causantes de las firmes Millionaire y la mencionada The Roller. A lo largo del disco apenas se atisba momento alguno de decaimiento, de hecho, se marcan un final de álbum de lo mejorcito de este año, The Beat Goes On brilla como la que más y The Morning Son (una mezcla entre Married With Children y Champagne Supernova) es un inspirado epílogo a la altura de los otrora reyes del britpop.
Si hubiera que equiparar este disco con la inevitable sombra de Oasis como telón de fondo, sería un gran término medio a caballo entre los últimos bodrios de los de Manchester y sus gloriosos dos primeros discos.