Los Evangelistas no se conformaron con hacer un repaso amable y respetuoso, sino que escarbaron en la inmensa obra de Morente para escoger las canciones con más sentido, probablemente las más difíciles, las más plenas, las más morentistas.
El resultado supera y trasciende las mejores expectativas. Al estremecedor directo que se fue forjando en los directos de Córdoba, Granada y Vic se han unido dos factores que han enriquecido notablemente el disco: la producción y las colaboraciones.
Martín “Youth” Glover, bajista de Killing Joke y experto productor y mezclador de prestigio internacional (de U2 a Primal Scream, pasando por Depeche Mode o The Verve) ha multiplicado la solemnidad y la intensidad del “sonido evangelista”.
La implicación directísima de Soleá Morente, dueña de un gusto dulcísimo en su voz y en su canto, ha dotado a la tarea de un impulso esencial y ha subrayado la legitimidad de la misma. Carmen Linares pone voz a unas seguirillas que conectan de modo escalofriante con el recuerdo del clásico Omega, probablemente el disco más importante de la historia de la música española. Junto a Carmen y Soleá, la tercera reina maga de esta historia es Aurora Carbonell, la “Pelota”, alma y compañera de Enrique, que ha dado rienda suelta a su dolor y a su creatividad a través de una serie de cuadros catárticos. Uno de ellos es la portada de este disco, ya esencial e inolvidable.


